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viernes, 9 de mayo de 2008

El era el incipio y de la noche hizo luz

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y fue el cielo, y esto que está aquí.
Hubo tierra, agua, sangre, flores,
todo eso y también tiempo.
Claramente digo que este fue el mundo del hombre
y así fue así.

Salgo de lo de Gise de una larga charla con el buby, cruzo Av Gaona, siento el estallido feroz de voces que con fuerza gritan Gool, a mi derecha una escuela vacía donde los únicos que esta vez asistían eran los bancos, ahí fue donde comencé a sentir la melancolía de aquella época, donde quizás si todo era más fácil, pero me conformo con que hoy todo tenga una lógica. ¨
El grito de aquellos fanáticos me hizo entender como aquel espectáculo resulta de sentimientos tan profundos, claro es esto al entender la particularidad de cada partido y de cada jugada que nunca más volverá a ser de la misma manera mas que en videos, pero más claramente quedará guardada en en ellos, observadores fieles e incondicionales.
Camine más una cuadra, fue cuando reaccioné y preste solo atención a mis pasos llenos de rimas, que cada vez apuraban más su ritmo, empecé pues a correr, pasaba mi colectivo que me llevaría a ver mil caras nuevas.
Ves, eso si me gusta de Buenos Aires, su particularidad de poder encontrar diversidades de todo género. Fue así cuando ví aquella pareja de adolescentes apasionada en una plaza, sintiéndose totalmente libres de todos.
Unas 5 cuadras más, el colectivo apura su marcha para cruzar un semáforo en rojo, poniendo en riesgo aproximadamente la vida de 17 personas. Sigue manejando como si nada tuviera que alterar su vida, y mucho menos la nuestra no?
Comienzo a mirar a mi alrededor, gente que habla, que ríe, que llora, que habla por teléfono, manda un sms, y yo sentada en el ultimo asiento. Miro al costado, gente durmiendo en la calle, sin destino. Yo solo quiero llegar a casa, todavía falta, el colectivo para esta vez en el semáforo, pasa una moto, roba un celular de la mano de una joven, gritos, corridas, otra vez estaba al borde del riesgo.
Sólo quiero estar en casa, mi parada toco el timbre abre la puerta y bajo corriendo.
Si aprendiéramos a ponernos en el lugar de la otra persona sin juzgar el destino que le tocó, quizás la convivencia podría ser mejor, no tenemos más tiempo que el que nos guardamos.
Quizás seamos muchos los que no nos acostumbramos a la diversidad de Buenos Aires? O la diversidad de Buenos Aires no se acostumbra a nosotros?

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