
En Afganistan son las 12:40hs. En Argentina el reloj marca exactamente las 19:40.
Ayer conmemoramos el dia mundial del medio ambiente, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 con motivo de la apertura de la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano. Si bien no soy activista al 100%, considero que el cambio de actitud y la conciencia frente a esta problemática mundial es personal.
¿Pero cuántas son las personas que se preocupan por ello?¿Cuántas por falta de tiempo dejan que la tierra disminuya su masa cada año, sin siquiera notarlo?
Me comporto de forma, más o menos conciente. Contamino lo menos que puedo, cuido el planeta a mi manera. La exageración no me molesta, pero la soberbia e hipocresía si.
Leyendo un artículo del Le Monde Diplomatique, donde se denunciaba la actitud de los Estados Unidos de América, descubrí la máxima expresión de cobardía, ya que no reconocen ni aceptan que esto es una realidad por no poner en riesgo a la bestia capitalista imunda.
Este es uno de los párrafos de áquel árticulo que quiero compartir:
"Con el mismo espíritu, en 2001, con la publicación del libro del danés Bjorn Lomborg, l'Ecologiste sceptique ( El ecologista escéptico ) (6) se inició una polémica sobre el estado del planeta. Con el eslogan "no hay de qué preocuparse", el autor sostenía que en numerosos ámbitos el medio ambiente mejoraba, en vez de deteriorarse, y que los mecanismos de mercado sabrían corregir algunas degradaciones pasajeras. El aparente rigor científico de esta obra fue denunciado por muchos expertos como una engañifa. Lo que no parece haber desalentado a su autor que, en Cool It : The Skeptical Environmentalist's Guide to Global Warming ( Una guía del recalentamiento climático para ecologistas escépticos ), redobla la apuesta con una negación más determinante: la amplitud del recalentamiento climático (7)."
Pensemos en el mundo...
Hace millones de años el planeta tierra, por diversos procesos que no podría detallar exactamente, logró disminuir la capacidad de
carbono que existía en el aire. Gracias a este cambio, la vida sobre la tierra fue posible.
Primero los microorganismos en el agua y de allí el resto.
Hoy, nosotros, los seres humanos autodenomindados inteligentes, superiores, visionarios, proactivos, estamos devolviendo a la átmosfera lo que en millones de años la tierra eliminó para que la habitemos.
La banalización del tema ha llegado a que la autodestrucción no sòlo de la tierra sino de la vida sobre ella, sea algo en lo que se es esceptico, lo que no sucederá jamás. Pero los síntomas no son casuales. Nada es casual. Y como en los posteos anteriores dije todo muta, lamentablemente la tierra lo hace en forma negativa.
Lástima nacer y no seguir con vida después, grita la tierra desde su ardiente núcleo.
Indignación, lamento es lo que siento.
No es que señale a un sólo culpable,de hecho todos lo somos, pero no caigamos en el egoísmo de pensar que "eso jamás pasará" quizás no en el 2008, pero seguramente más adelante. Creemos conciencia, amemos la naturaleza, que es la expresión máxima de belleza.
Miremos la realidad.
Foto: De la desaparición de los glaciares.
:(